5 de julio de 2009

Never on S.

5 de julio de 2009

El cielo ha llorado desde ayer.


Las lágrimas no se han detenido.




"Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños"
- Khalil Gibran

3 de julio de 2009

Jornadas tristes

3 de julio de 2009

Me gustan los días templados, con el vaho cubriendo las copas de los árboles, amenzando la lluvia pero sin presentarse, el viento helado golpeando mi rostro, ondeando mis cabellos, la suave brisa lavando mis pesares. Los días templados son como un cielo azucarado, con nubes algodonosas y un aliento cálido y enfermo atravesando los huesos.

Estos días me son útiles. Además de consolarme de la ausencia de la luz solar y vespertina, me recuerdan a la noche abrigante que uso cuando realmente voy a descansar. Es como si estos días tomaran a las ráfagas de viento como si fuesen sus propias manos y abrazaran mi gélido cuerpo, dibujándome sonrisas con una mínima levantada de falda, jugueteando con mis pálidos dedos, casi verdes a causa del frío.

Los árboles se bañan de rocío inusualmente por la tarde, se mueven despacito para cerciorarse de crear el frío perfecto y necesario para un abrazo sincero. El sol está escondido, tomándose sus merecidas vacaciones de verano. Las nubes corren huyendo del soplo del viento, quien se dedica a espantarlas tan sólo para cambiar de fuente a las aguas. Y yo, que me hinco sentada ante la presencia de un día así, abrazando una masa de carne que me proporciona calor, congelando sus penas en fresa, haciendo una fiesta con sus hilos de cabello, uniendo anhelos con palabras dulces y cálidas, contrastantes con el clima anexo.

Me gustan los días templados y nublados, me recuerdan a mí cuando estoy anormalmente feliz. Se transforman en una sensación extraña a veces mortalmente incomprensible, tanto que antes incluso me daban náuseas.

De hecho, los días nublados siempre me han revuelto el estómago: todos los veranos es lo mismo.



Hasta ti.




"La prueba más clara de sabiduría es una alegría continua"
- Montaigne

29 de junio de 2009

Brutalmente cursi

29 de junio de 2009

Creo que siento que ya no te quiero.


Nah, es porque no te he visto. Cuando vuelva a verte te apretaré tan fuerte que te sacaré las vísceras y las usaré de bufanda.


El corazón actuará de peluche en mi cama.


Es que me gusta explotarte.



He dicho.





"Es cierto que no te quiero tanto como cuando éramos novios, pero es que a mí nunca me han gustado las mujeres casadas"
- Proverbio Americano

28 de junio de 2009

Comodín

28 de junio de 2009




Tema: Cruz de Navajas
Intérprete: Mecano
Álbum: Entre el cielo y el suelo
Compositor: José María Cano
Año de lanzamiento: 1986


Según la Sra. Wikipedia:

La canción habla sobre el tema de la infidelidad, cuenta la historia de una pareja envuelta en la monotonía y el hastío en la que a veces caen las personas sin darse cuenta, el descuido y la falta de atención del uno en el otro, y la necesidad imperante de llenar ese vacío emocional y salir en busca de nuevas sensaciones. La canción termina trágicamente con la traición infraganti que sufre Mario a manos de su esposa María seguida de la muerte de Mario de una estocada en el pecho a manos del amante y la mentira de la esposa, indicando que murió al ser asaltado por dos drogadictos.


En realidad todo lo descrito anteriormente es pura palabrería. Las canciones, como todas las cosas, pueden tomar la interpretación, el sentido y la importancia que uno les de. Nosotros podemos convertirlas en un almacén de recuerdos, en una lágrima, en una sonrisa, en un ahnelo, en todo lo que se te pueda ocurrir.

Pues bien, esta canción es una parte importante de mi repertorio musical. La conocí hace muchos años, cuando era una niña y la radio vieja tocaba mi estación ahora favorita. Confieso que antes no la comprendí, tardé mucho para desmenuzarla y encontrarle un sentido, pero ahora que la entiendo a la perfección, puedo permitirme decir con orgullo que conozco a una pareja que vive en el cuece de su amor, que sigue sazonándolo y se dicen ligeros te quieros antes de dormir.

Se seducen quedamente no con lujuria y avidez, sino con experiencia y sutileza, abonándose con ternura y rocío. Se sirven con ahínco, se gozan, se necesitan. Sus apapachos llegan a ser melosamente cursis, pero no dejan de ser bellos, y cuando se sonríen honestamente es como si se mostrara frente a mí la verdad de un amor sincero. Es saber que aunque pasen los años aún pueden decir "¿qué haría yo sin él?".

Dos años después de lanzada esa canción, se conocieron y convirtieron a ésta en su himno. No por su letra, sino por su candencia, sus recuerdos jóvenes, el resultado de lo forjado en tanto tiempo.

Se encontraron, adularon y amaron, para que hoy, 21 años después, celebren la venida de algo que no tiene planes de concluir.


Nadie más que quien ha estado y está enamorado puede enseñarme qué significa vivir rodeada de amor. Gracias por dejarme ser parte de su aldea, de su mundo.



Me gustaría quedarme a vivir 21 años, tan sólo para saber qué se siente celebrar eso y así...




"Pinta tu aldea y pintarás el mundo" - León Tolstoi

25 de junio de 2009

Una verdad incómoda

25 de junio de 2009

A diario nos topamos con informes externos, nos enteramos de cosas que tal vez no queríamos saber, nos comunican una tragedia o alguna alegría. La relatividad está presente aquí, ya que lo que para algunos lo que le comunican es una dicha, para otros es la mayor catástrofe de su vida.

Sin embargo, hay aspectos del ser humano en los que la relatividad -considerando el ejemplo anterior- no entra. Me refiero a cuando hablamos a la humanidad en general y no como personas individuales. Aquello que nos define como la especie que somos, las características en común, los hábitos propios de nuestro existir, el lugar donde habitamos; son aspectos de nuestra especie que no podemos permitirnos el modificar ni moldear a nuestro gusto y capricho, pues eso significaría aparte de arrogancia, el acabar con la adaptación que la evolución nos ha ofrecido a lo largo de millones de años.

El lugar donde habitamos es uno y único: el planeta Tierra. Caemos en la ambigüedad de no creer en la eternidad porque no conocemos nada eterno, pues todo lo que observamos a lo largo de nuestra vida notamos que tiene ese ciclo clásico que desde pequeños nos enseñan: naces, creces, te reproduces y mueres. Sin embargo, cuando no nos conviene creer que algo tan importante y que nosotros no podemos moderar –como este planeta- pueda llegar a acabarse, terminar su ciclo, morir, tendemos a elegir la opción de que éste sí es eterno.

Hemos visto cambios muy a menudo y últimamente. Fenómenos naturales extremadamente agresivos que nuestras generaciones anteriores tuvieron la oportunidad de presenciar si acaso, en raras ocasiones. En la actualidad, el escuchar de un nuevo huracán, un tornado o un posible tsunami es el pan de cada día, lo que los noticieros tratan de vender cada vez que encendemos la televisión y nos sentamos a comer.

Pero hay un enorme pero: algo sucede con nosotros, algo malo, quiero decir. Los seres vivos tenemos la facultad de responder ante el peligro y la amenaza de manera instintiva. Los animales lo hacen cuando sospechan que serán atacados, nosotros mismos quitamos el dedo cuando sentimos que algo nos está quemando, pero parece que en lo que se requiere un gran impulso de respuesta nos quedamos paralizados, o tal vez nos da flojera, o tal vez sólo estamos acostumbrados a responder cuando la muerte, el sufrimiento y el dolor están justo frente a nuestras narices.

Pero hay algo peor que morir repentina y bruscamente: morir lenta y dolorosamente. Incluso puede ser aún peor el ver morir de esta misma manera a las personas que amamos, a nuestros semejantes, pensando que mañana nos puede suceder a nosotros.

Y sin embargo, cuando seguramente se lean estas líneas serán ignoradas, como a diario solemos ignorar lo que aquellos que tratan de avisarnos que un problema ecológico real está afectando al mundo: el calentamiento global.

Este problema representa el agente causal de la muerte que no queremos experimentar: la que se sufre y no se olvida. Poco a poco mataremos a las especies animales y vegetales, a nosotros mismos, sólo por ser el castigo que merecemos por cometer el máximo crimen ecológico de todos: asesinar a nuestro planeta.

La Tierra no es eterna, debemos aprender eso, pero cuando uno aprende algo se comprende también, y cuando se comprende se lleva a la práctica lo aprendido. Es un ciclo vicioso pero muy bonito y beneficioso, como una retroalimentación positiva. Y si nosotros no estamos haciendo nada por ayudar aunque sea un poco a nuestro hábitat natural significa que somos unos completos ignorantes en lo que concierne a su materia.

La ignorancia es la madre de todos los males. Cuando algo no lo sabemos actuamos como creemos es lo correcto sin reparar si estamos perjudicando a terceros. Pero la ignorancia se resuelve muy fácilmente: aprendiendo, conociendo, experimentando, practicando, haciendo. Todo lo que implique la adquisición de nuevos conocimientos, pero además, el aplicarlos.

Pero existe algo peor que la ignorancia, aunque no lo creamos: la indiferencia. Cuando sabemos que algo sucede, que algo va mal, que hay algún problema y se necesita de nuestra ayuda, pero aún así no cooperamos en la resolución del mismo, nos convertimos en lo más bajo y ruin de la condición humana. Ser indiferente a algo que podemos evitar, que podemos mejorar es una muestra de incapacidad básica de amar.

Y hablando del calentamiento global, y como cada día y cada noche nos bombardean con información, no podemos llamarnos ignorantes del tema, sino indiferentes, lo que se traduce en vileza. ¿Acaso cuántos de nosotros hemos aprendido la cultura de depositar la basura en su lugar, de consumir la menor energía posible, de caminar en vez de usar el automóvil si es posible, de apagar la luz eléctrica si no la ocupas, de al menos sentarte a hablar de esto con tus conocidos, concientizarlos y fomentar un proyecto de mejora del ambiente? ¿Acaso nos dormiremos en nuestros laureles, para que cuando despertemos nos encontremos con sólo el recuerdo de lo que nuestro bello planeta fue?

Dirás tal vez que para cuando eso suceda tú ya estarás muerto, que no tendrás porque sufrir esas catástrofes y tragedias, pero, ¿y tus hijos? ¿dónde vivirán? ¿acaso no te importa el mundo que les dejarás como herencia? Si no te importa, lástima por ti, que ellos en un futuro seguramente se preguntarán qué clase de padre haría una cosa tan cruel.

No tengamos miedo a rebelarnos. Hemos hecho guerras de independencia, las mujeres ya podemos votar, el acceso a la información está al alcance de unas cuantas tecleadas, la tecnología cada día avanza para generar más instrumentos médicos que te curen cuando padezcas una terrible enfermedad. Todos ellos están haciendo algo por ti.


El mundo está haciendo algo por ti.


Pero, ¿tú estás haciendo algo por él?


Ojalá el día de nuestra muerte sigamos sin creer en la eternidad, así tal vez podríamos comprender lo que nuestro planeta está agonizando hoy.



Justo como agonizarás tú.



"No se puede dar marcha atrás al reloj, pero sí se le puede dar cuerda nuevamente" - Anónimo




22 de junio de 2009

Empezando la eternidad

22 de junio de 2009

A veces pasa que uno se pregunta si el amor es algo que realmente existe o es sólo una ilusión. Un asunto mercadotécnico sólo con fines lucrativos. Una máquina generadora de dinero, de placer, de sexo. Palabras bonitas, películas domingueras, sexo conciliador, nada más.

Y es que vemos el mundo infestado de sentimientos negativos que lo más común es adaptarse para sobrevivir de acuerdo a la maraña de gente que te rodea. Y que, cuando crees tener un crush no sabes a ciencia cierta si es algo real y presente, o algo ficticio y una necesidad de tu propio subconsciente de la compañía de alguien, de amarle, de tener un objeto por el cual vivir, un algo que te impulse a hacer cosas nuevas, a llegar más allá.

Sin embargo, nadie está exento de caer en ese estado de miseria mental, como lo llamó José Ortega y Gasset. Y aún después de subir y revolotear con maripositas a los lados, caer y darte el golpazo de tu vida. Muchos no suelen -ni saben- reponerse a un fracaso amoroso.

En mi opinión muy particular, el amor y el enamoramiento son dos perspectivas diferentes, que si bien pueden ir aunadas, también son independientes una de la otra. A mi corta vida ignoro por cual de las dos facetas -o por ambas, o ninguna- he pasado, sólo sé que he sentido cosas, pero ninguna como la que me embarga hoy.

Sólo puedo limitarme a sonreír, a gritar a los cuatros vientos que algo existe dentro de mí, positivo y agradable, fantástico y maravilloso; que renueva dichas escondidas y me muestra el panorama de este planeta de otra manera.

Esas ilusiones dejaron de convertirse en sueños para adoptar el nombre de metas. Creo que estoy avanzando, creo que estoy adoptando nuevos sueños, más difíciles pero más saboreables. Es delicioso sentir el disfrute de lo desconocido en otra persona, ir acompañada ahora y sin temores personales que sólo te arrinconan y no te dejan salir a la avenida, para irte a pasear junto a los botes de basura.

Es grandioso el calor que despiden las tardes lluviosas, con el ambiente fresco de la brisa aromática propia del verano, con palabras dulces embriagando mi ser, con respuestas positivas dibujadas en una sonrisa. Alguien tocó la puerta, pero ahora ya no me pregunto quién.


Ojalá todos los días fueran 21.



No importa, todos los días son y serán ochos dormidos.




"La vida comienza cuando la fantasía muere" - Anónimo

14 de junio de 2009

Binomio anual

14 de junio de 2009

Ah sí, se me olvidaba.


Hace unos días esta cosa cumplió 2 años.


Y para celebrar, les agradezco a aquellos enfermos que siguen pasando por aquí, leyendo o simplemente observando por curiosidad.

A los que ya no vienen, me alegra que hayan encontrado un lugar mejor.



Creo que comenzaré a hacer lo mismo, por mi propia salud mental.





"Decir la verdad cuando sabemos que nos pesará es la mejor prueba de honradez" - Dave Weinbaum
 
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